Saturday, 26 October 2013

Hong Kong, the review



I found Hong Kong very impressive. Modern and vertical, it is a testament to men's will and power. With possibly the highest density of people I have ever experienced, slightly more chaotic than the big cities in Korea or Japan, Hong Kong has a characted of its own. 

Most of its inhabitants are Chinese, which of course makes sense, but I expected to see more British and overall more expats. Surprisingly though, English speaking is very limited. 

Often described as 'a city where east meets west', Hong Kong is a very interesting mix between traditional and modern China. Walking around the city you get to experience the colliding worlds of wealth and luxury faced with dirt-cheap modesty. Big beautiful hotels, expensive cars and fancy stores surrounded by crowded replica stalls, big messy markets and dirty little side streets.

Hong Kong's identity is inevitably linked to money. As you stroll down Hollywood Road you bump into many ambitious young people, most of them working in either finance, shipping or legal firms. A considerable number of them end up in HK due to the lack of jobs in their places of origin. 

The art scene seems to be growing with an ever expanding number of galleries and museums all over the city, and there's enough stores and boutiques to drive a girl crazy. You can also get really good food for reasonable prices: we went to possibly the cheapest Michelin Star restaurant in the world called 'Din Tai Fung' and had the best dim sum we have ever tasted. 

While in Hong Kong we got a good day view of the city from 'The Peak', a perfect night view of the city sailing on the 'Aqua Luna' and we walked around like crazy. We didn't make it to the Big Buddha, Macau or any of the enchanting fishing villages around the city...but HK is one of those places you just know you will visit again. 

For now I will remember it as a city of contrasts, where every lady seems to own a chanel bag. Original or replica, that's beyond the point.

Sunday, 20 October 2013

A mi esposo

A mi esposo Max,
a sus 33 años de vida,
y a su trayectoria, que si ya es grande, 
apenas da pistas de lo que alcanzará. 

A sus profundos ojos azules,
tan llenos de la dulzura de la cual soy objeto, 
a su sonrisa honesta y su risa regalada. 

Al hombre que me enseñó lo que es el amor, 
el amor que nace sin razón ni motivo, 
pero también el amor merecido, 
que es el único amor que es inmortal. 

Por su infinita generosidad,
expresada de incontables maneras, 
y manifestada en ilimitadas caricias, paciencia y apoyo.

Por la vida que juntos construimos día a día, 
que parece una vida inventada pero es real, 
y porque nunca dejas de sorprenderme, 
constantemente superando mis expectativas...las reales y las mías. 

Mi amor,

Te amaba ayer, 
Te amo hoy, 
Te amaré siempre. 

Seguime bañando con el calor de tus besos, 
y prometo entregarte mi vida,
y hacerlo con gusto. 

Feliz cumpleaños Kiru.

CUANDO ERA NIÑA


Cuando era niña el mundo me parecía simple. 
Ahora, se muestra sin vergüenza y me deja examinarlo sin pudor ni pena.
Supone que una vez perdida la inocencia no hay porqué maquillar su grandiosa imperfección. 

Y yo, evoco con más frecuencia las palabras que mi papá me entregó en una carta, 
colocada bajo mi almohada hace más de veinte años,
escritas bien entrada la noche con lo primero que encontró en una casa llena de niños:
un crayón de madera color salmón con su estilosa caligrafía de ingeniero.

"A veces quisiera pensar como un niño". 

Me parece absurdo que los adultos insistamos en educar a los niños, 
asumiendo que entendemos el mundo mejor que ellos.
Quizás deberíamos visitar más seguido nuestra propia perspectiva infantil. 

Enseñarles a leer, enseñarles a escribir, 
y dejarlos explicarnos, 
dejarles recordarnos, 
cómo pensar como humanos. 

CONTIGO APRENDÍ

Contigo aprendí que existen incontables formas de amar, 
aprendí que hay abundantes modos de placer, 
y que los mejores son inesperados, volátiles y voluntarios. 

Aprendí que la vida no es una, sino múltiples:
las vividas, las dejadas de vivir, y las soñadas, 
y que éstas se viven de manera intermitente,
dejándote después con una amalgama de recuerdos, 
la mitad inventados y constantemente reconstruidos.

Alguna vez leí que la vida no es la que se vive,
sino la que se recuerda, y cómo uno la cuenta...
y, ¿cómo cuento entonces la vida que vivimos tú y yo juntos?
¿cómo regreso al país que inventamos?
¿cómo despierto a los fantasmas de los sueños que compartimos?