Wednesday, 5 January 2011

Guten Rutsch!

Me llevo del año 2010:

El recuerdo de Mamita América, la ceiba noble de Chapultepec, la dulzura de su mirada, la sabiduría de sus palabras, la fortaleza de su espíritu. El Chapultepec de mi infancia que ella, junto a Papito Carlos, construyó con tanto amor y trabajo para nosotros; los innumerables recuerdos que guarda cada una de sus sombras, y su ejemplo de mujer que ilumina mi camino.

La luz de la llegada de nuestro angelito Nicole, que llegó a llenar nuestras casas de risas y alegría, y que cada día brilla más.

El brillo de las sonrisas de mi hermana Karen y Juancho, cuando ante Dios, sus familias y amigos, unieron sus vidas.

Las tardes compartidas con la Conchi en Londres, platicando, riendo y tomando café (o ron).

El olor tostado del día en que Max, con esa sonrisa de niño que tanto amo, me ofreció su amor y compañía para el resto de nuestras vidas, y colocó en mi dedo el anillo más bello del mundo.

Los colores y sabores hasta entonces desconocidos de los nuevos lugares conquistados, Reykjavik, Moscu, Berlin...

La satisfacción de trabajar en una de las empresas más exitosas del mundo, y de la historia.

Tantos momentos inolvidables compartidos con mi Tía Yani y mis primas en Londres, y con mis amigas/hermanas (del alma) en mis meses en Guate, así como la bendición de haber conocido y hecho nuevos amigos y amigas.

El gusto de haber podido viajar por Europa con el equipo desastre, el mejor equipo del mundo, pedazo enorme de mi corazón. Y la alegría de la unión con el anexo: el grupo despiste...los momentos que compartimos junto a mi nueva familia en mi segundo hogar, Klagenfurt, todos unidos, los atesoraré para siempre en mi memoria.

La mayor y más grande bendición, fortuna, suerte, felicidad, regalo: un esposo maravilloso, a quien amo y adoro, y a quien planeo hacer feliz cada día de mi vida.

El poema del abuelito de Max:

"I wish you luck
I wish you joy
I wish you a baby boy
And when his hair
begins to curl
I wish you then
a baby girl"

Tantos recuerdos y memorias obsequiadas en un año que para mí estuvo lleno de luz, en un mundo que se hunde en las tinieblas...recibo al año nuevo, agradecida por las bendiciones recibidas y con mucha ilusión de lo que es por venir, consciente de mi deuda impagable, y con el corazón repleto de chispitas para repartir.

Feliz Año Nuevo!

Sunday, 31 October 2010

1ero de Noviembre, Día de Los Muertos



Así, como si nada, toca a la puerta otro Día de Los Muertos, y de nostalgia reboza mi corazón mientras tomo un momento para conmemorar a la lista -inevitablemente ascendente- de personas que evoco ahora sólo en mi memoria.

Estuve en un recital de órgano en la Catedral de San Pablo ayer por la tarde, y mientras sus profundas notas me acechaban por la espalda, revoloteando por la cúpula y finalmente aterrizando en mi corazón, tuve la impresión de estar en el lugar y en el momento indicado para pensar en ellos, mis muertos; ellos, los que se fueron para no volver, los que tanta falta hacen; ellos, los que constantemente me bendicen con suspiros dulces y hondos, llenos del dolor delicioso del buen recuerdo.

El sonido pesado, largo y osadamente profundo del instrumento me invita a quedarme completamente quieta, a extinguir todo movimiento, toda actividad- sus notas son como la gravedad, e inevitablemente me llevan hacia el centro, y en este 1ero de Noviembre me suspenden dentro del círculo prfecto del amor intocable que siento por mis muertos; ese amor que quedó suspendido en el tiempo, y que aún así conserva su frescura. Ese amor que con los años va creciendo, naturalmente, entretanto que la madurez me alcanza y soy capaz de verlos con más claridad, descubriendo que aún desde la muerte continúan brillando su sabiduría sobre mi alma y nunca paran de educarme.

Brindo por ustedes, por tantos y tantos recuerdos que atesoro a su lado y porque sé que aunque hayan partido, me acompañan el resto del camino.

Sunday, 12 September 2010

Hay sol en Londres



Hay sol en Londres. Yo tengo sueño y no quiero más que huevonear en el sillón de mi apartamento. Max salió hacia Australia hoy temprano y yo insistí en que tomáramos café y desayunáramos juntos antes de su partida. Esto después de una noche de copas en el este de la ciudad.

Tras su despedida la casa de quedó llena de silencio. Sólo el sol entraba por las ventanas, como para hacerme compañía. Yo, ante tal cortesía, no me pude resistir y salí de la casa volando, con poco más que una falda demasiado corta, un sudadero demasiado largo y unas botas que parecen haber perdido la moto. No llegué muy lejos, apenas hasta una banca en el parque frente a casa. Aquí me refugié, arropada por el sol y cerré los ojos para poder propiamente escuchar el sonido de las hojas bailando con el viento; escuché también las voces de los niños jugando en el playground al lado de la Iglesia- y por un momento me transporté hacia una de esas tardes de domingo pasadas en familia en Amatitlán, esas tardes que colecciono y cuido como un tesoro en mi memoria; me quise preguntar, qué hace esta tarde de domingo menos especial que aquéllas, y pienso: las voces no serían extrañas, serían mis voces amadas; también añadiría algunos "splash" y el mosaico de colores que ofrece sin falta ese árbol castaño en el que durante toda mi vida me he balanceado...pero hoy hay sol en Londres, y no quiero estar triste- es precisamente por momentos como este que atesoro tanto mis recuerdos, para tenerlos cerca y utilizarlos para sentirme en casa siempre, aún a 9,000 kilómetros de distancia.

Friday, 16 April 2010

Ante mi pequeñez digo: Carpe Diem y Hakuna Matata


Hoy tendría que haber sido una noche de fiesta, de Mojitos y Gloria Estefan en Manolos, con Max y una banda de lo mejor de Inglaterra. Resultó, en cambio, en una noche solitaria, alentada con películas, comida china y notas de medianoche. La razón: las cenizas de la erupción de un volcán en Islandia.

Siempre cae bien un recordatorio acerca de la forma en que la vida funciona- o mejor dicho, como no funciona. La vida es tan anárquica, tan inconsecuente. Es impredecible, fascinantemente insegura y desconcertante. Esta es una verdad innegable y sin embargo los días pasan tan rápido que se me olvida.

Se me olvida lo accidental que resulta todo en mi vida, en el desarrollo de mi tiempo y de mi destino. Olvido lo vulnerable que soy ante esa fuerza misteriosa e incomprensible que es la vida, la madre naturaleza, Dios. Mi condición de impotencia ante lo que sucede a mi alrededor, mi pequeñez, es casi abrumadora cuando tomo consciencia de ella. Sin embargo no merma mi amor propio, ni daña la fe que tengo en mí misma. No sirve de justificación dejar de trabajar duro por construir la vida que quiero, pero es importante mantenerme consciente acerca de ella. Debo reconocer que dependo de algo mucho mayor, y que no exclusivamente yo tomo las riendas de mi camino.

La vida resulta así como “una caja de chocolates” (Forrest Gump) en la que “nunca se sabe lo que nos va a tocar”. A veces las apariencias engañan y la pieza que más apetitosa parecía resulta contener anís, pero lo bueno es que entonces puedo simplemente escupirla y probar otra.

Por más monótonos que parezcan a veces los días, nunca lo son. Lo que pasa es que a veces estoy demasiado cansada o demasiado preocupada y no me fijo en las oportunidades que se me atraviesan, y tampoco noto los infinitos motivos para sonreír que se me ofrecen día a día.

Mi gran poder consiste en el absoluto control que tengo sobre la actitud que tomo ante las situaciones que se me presentan, y es allí donde digo Carpe Diem y Hakuna Matata.

Smallness is good.